Removiendo el polvo que queda del incienso
salen risas de los escritos del pasado.
Si la agenda pudiera hablar lloraría a rabiar
de la risa que azota sus hojas por el cosquilleo del trazo.
Pudieran ser vivencias del montón,
pero hoy ese montón es nuestro.
Aquellos largos pasillos alicatados en amarillo con cola de conejo
y esbozados en carboncillo, sanguina y papel ingres
todavía alumbran como un aerógrafo, aún sin nuestra presencia.
Nuestra vida es un viaje infinito a cualquier otra parte,
siempre nos encontramos aunque con diferente destino
entre repasos a teorías del color, longitudes de onda y microcosmos ocultos.
Aunque compartiremos poder decir algún día desde la Luna
-que bella esta la Tierra esta noche-
Mientras tanto, te guardo sitio en el vagón del saber
cada mañana a eso de las 07:10
para ver amanecer entre el traqueteo
de la palanca del hombre muerto…
